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El control biológico es una herramienta fundamental para sostener el desarrollo exportador de los productos agropecuarios chilenos, debido a las crecientes exigencias que muestran las normas ISO 9000 e ISO 14000, además de las buenas prácticas agrícolas (BPA) en Chile, y de las extranjeras GAP (Good Agricultural Practice) y EUREPGAP (Euro Retailer Produce working group Good Agricultural Practice). Sin embargo, el actual incremento en la demanda por uso de controladores biológicos ha superado la oferta.
En Chile, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) y algunas universidades han desarrollado la tecnología apropiada para utilizar muchos agentes de control biológico de plagas y enfermedades, pero aún no existe la capacidad para canalizar esta tecnología a empresas que industrialicen estos agentes controladores y entregar la asistencia técnica adecuada.
Fundamentos
Ubicado en la ciudad de Chillán, Región del Bío Bío, el Centro Tecnológico de Control Biológico surge como una unidad de investigación del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA Quilamapu.
Surgida como disciplina científica en este Centro en 1976, la orientación ha estado puesta en el control de plagas y enfermedades que afectan con mayor rigurosidad cultivos agrícolas y forestales de la Región del Bío Bío. En tal sentido, durante los últimos años el INIA Quilamapu ha incrementado la producción artesanal de hongos entomopatógenos mediante el aumento de superficie y funcionarios especializados, para atender una demanda que no sobrepase las 3 mil hectáreas en el control de larvas del suelo. Asimismo, la producción de Trichogramma ha sido limitada a la cobertura de mil hectáreas de un cultivo anual realizando liberaciones semanales.
En la Región de Valparaíso, en tanto, INIA La Cruz ha introducido y seleccionado especies de insectos y ácaros que se usan en pequeña escala en el control de plagas en frutales.
Desde el punto de vista del sector privado, existen en Chile algunas empresas dedicadas a la producción de enemigos naturales, pero su producción y cobertura se ven afectadas por sistemas productivos poco industrializados.
Funciones del CTCB
El Centro Tecnológico de Control Biológico tiene como función principal el desarrollo de tecnologías de masificación industrial de los organismos benéficos seleccionados por INIA y otras entidades. Se encarga de retribuir la información a través de un convenio con pago de royalties, licencias u otro mecanismo. Por otro lado, apunta a solucionar problemas de capacidad productiva, transferencia y adopción de la tecnología, al buscar la integración entre INIA y las empresas asociadas en una sola entidad que genere una base coordinada de expansión del control biológico. Esta tecnología (know how) o patentes, junto con la venta de productos y servicios, será el sustento del CTCB una vez terminado el proyecto en 2010.
Conózcanos
Ubicado físicamente en INIA Quilamapu, en la ciudad de Chillán, el Centro Tecnológico de Control Biológico integra unos 20 profesionales, entre entomólogos, patólogos, biólogos, bioquímicos, ingenieros civiles, y periodistas, además de 5 ayudantes de investigación y 15 laborantes. Este equipo multidisciplinario permite la integración de diferentes tecnologías que incrementarán el conocimiento básico de las plagas y sus enemigos naturales, y la industrialización de los organismos seleccionados para el control de plagas.
El CTCB inició sus pasos a fines de 2007, contando con una superficie aproximada de 1.000 m2 entre laboratorios e invernaderos y 200 m2 en oficinas. Desde el punto de vista de la investigación, a inicios de 2008 un total de 12 proyectos en control biológico eran ejecutados por sus científicos, considerando diferentes aspectos en el control de plagas y enfermedades en los sectores agrícola forestal. Paralelamente, los investigadores del CTCB participan activamente en labores de docencia, a través de la realización de clases, charlas y dirección de tesis de grado en diversas universidades del país.
Objetivos
- Desarrollar un Centro Tecnológico de Control Biológico (CTCB), en la Región del Bío Bío en Chile.
- Validar (investigar) y desarrollar tecnologías para el manejo y producción masiva del control biológico de plagas, enfermedades y malezas, y promover su utilización en Chile.
- Promover la selección de los agentes para el control de plagas y enfermedades y malezas en rubros agropecuarios.
- Incentivar a empresas de control biológico y desarrollar los protocolos de masificación a escala real.
- Preparar profesionales y técnicos en los procesos de masificación, formulación, manejo y aplicación de los productos. Disponer de la información tecnológica y de control de calidad.
Los primeros lineamientos del CTCB se centran en producir una planta piloto, a escala industrial, de Hongos Entomopatógenos que permita la producción anual de 20 mil dosis de esporas, lo que significa cubrir 20 mil hectáreas de cultivos. En esta planta piloto se validarán los conocimientos que por años fueron adquiriendo los científicos en predios experimentales y laboratorios.
Cabe consignar que en el año 2000 el INIA Quilamapu alcanzó la producción industrial de Trichogrammas (parasitoide de huevos de lepidópteros) como unidades productivas. Sin embargo, su implementación a escala industrial no se ha logrado establecer. En tal sentido, el CTCB desarrollará la planta piloto que servirá de modelo a empresas innovadoras.
Líneas de investigación
1. Transferencia de tecnologías en producción masiva. El CTCB transferirá las nuevas tecnologías a empresas dedicadas al rubro de control biológico, de manera que éstas las adopten a sus métodos productivos. La transferencia se hará a través de talleres de adiestramiento, cursos de control biológico, venta del know how, entrega de información a través de royalties, o venta de los equipos desarrollados por el Centro.
2. Sistema de producción de Trichogrammas. El desarrollo productivo de una línea de parasitoides de huevos de plagas agrícolas y forestales, se realizará a partir del conocimiento obtenido tras algunos años en INIA Quilamapu merced a los recursos aportados por un proyecto FIA?. El mejoramiento de la tecnología deberá, fácilmente, triplicar la capacidad productora de estos parasitoides.
3. Sistema de producción de hongos entomopatógenos y nemátodos. Tras diez años de trabajo incesante, el INIA Quilamapu ha multiplicado y estudiado la acción de los hongos y nemátodos entomopatógenos como controladores de plagas y enfermedades. Sin embargo, su masificación ha estado limitada a la producción de conidias para cubrir no más de 3 mil hectáreas de cultivos. El desarrollo de una línea productiva que masifique industrialmente estos agentes de control permitirá que estos agentes estén disponibles en Chile para cubrir varios cientos de miles de hectáreas de cultivo. En el caso de los nemátodos (Phasmarhabditis hermaphrodita) hoy se está desarrollando una línea de investigación para su uso en el control de babosas, en conjunto con la Universidad San Sebastián de Concepción. En este aspecto, aún hay que desarrollar la tecnología básica de los géneros Sterneinema y Rhabditis como controladores de insectos.
4. Producción de atrayentes químicos. La utilización de atrayentes químicos como herramienta de control ha sido masificada en el mundo. No obstante ello, en Chile está limitada a la importación de aquellas moléculas que resultan apropiadas para controlar plagas cosmopolitas. En tal sentido, el desarrollo de moléculas propias para plagas nativas es de gran importancia. Es así como las universidades de Concepción y de La Frontera, además de investigadores de INIA, han estado trabajando en la obtención de nuevos productos que será necesario masificar para ser utilizados en el país.
5. Sistema de producción de ácaros depredadores. En Chile, por décadas se han mantenido trabajos en importación y evaluación de ácaros depredadores. Sin embargo, la multiplicación masiva de ellos sólo se ha realizado a nivel de producciones de laboratorio. El CTCB permitirá masificar estos organismos en niveles que puedan ser comercializados abiertamente en el sistema agropecuario nacional.
6. Producción de agentes de control de malezas. El control de malezas ha estado por años sometido al empleo de herbicidas químicos o bien a control mecánico. El uso de agentes de control se ha restringido al uso de insectos fitófagos y en malezas arbustivas. El CTCB iniciará el desarrollo de enfermedades de plantas para el control de malezas y, junto con ello, la masificación de estos agentes. Las primeras malezas a trabajar serán malezas parásitas y malezas en las que algún trabajo de control biológico haya sido realizado con hongos como en los casos de galega, zarzamora, correhuela, entre otras. Empresas Asociadas
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